
El arte de sostenerme
Amar sin perderme (aunque sea un trabajo diario)
Esta semana tuve una conversación con una persona que quiero muchisimo y me preguntaba si una relación era buena o no, comparándola con otra. Y mientras hablaba, y le explicaba mi forma de verlo salio este escrito:
Las relaciones no se pueden comparar. Lo que para algunos es suficiente, para otros es inaceptable. Lo que para unos es amor, para otros es apego. Lo que para unos es estabilidad, para otros es conformismo.
Muchas veces normalizamos situaciones que nos duelen. Y eso no nace de la relación en sí. Nace de nuestros límites. De lo que creemos merecer. De lo que aceptamos por miedo a quedarnos solas… o por miedo a perder pertenencia y va a depender de nuestra historia y de la forma que vemos el mundo, de aquello que creemos que deberia ser o lo que hemos aprendido (en otro momento hablare acerca de los patrones, de lealtades implicitas y de lo que implica romper esos paradigmas o al menos para mi)
Y ahí entendí algo más profundo:
Hablar de sostenerme es hablar del amor. Pero no solo del amor de pareja.
Del amor en cualquier vínculo. Porque esto no aplica solo a relaciones románticas.
Aplica a amistades.
Aplica al trabajo.
Aplica a la familia.
Aplica a cualquier lugar donde entregamos energía.
Cuando no me sostengo, me vinculo desde la carencia. Y la carencia es una forma de miedo. Miedo a que se vayan. Miedo a no ser suficiente. Miedo a no encajar. Miedo a quedarme sola. Miedo a no cumplir expectativas mias o de otros. Muchas veces no somos consciente de esto, hasta que nos hacemos esa pregunta a nosotros mismos.
Desde ahí, la relación deja de ser una elección y se convierte en una necesidad. Y cuando es necesidad, empezamos a ceder partes de nosotras para que el otro se quede. Bajamos límites. Justificamos lo que nos duele. Nos adaptamos hasta casi desaparecer.
Eso no es amor. Eso es supervivencia emocional.
El amor sano en pareja, amistad o trabajo nace desde la plenitud, no desde la necesidad.
Y alli nace otra reflexión, durante mucho tiempo escuché que las parejas son espejos del alma o nos complementan. Y aunque entiendo esa idea, hoy lo siento diferente. Creo que hay mucho mas.
Nuestras parejas no son espejos. Son almas que vienen a mostrarnos algo.
Y lo mismo ocurre con cualquier vínculo importante.
En algunas corrientes espirituales se habla de los tikunes, esas correcciones del alma que venimos a trabajar. Sin profundizar demasiado, porque sería extendernos mucho, sí creo que nadie llega por casualidad. Cada vínculo forma parte de nuestra evolución.
No llegan para completarnos. Llegan para expandirnos.Y a veces expandirse duele.
¿Qué es sostenerme?
Sostenerme es entender que mi felicidad depende de mí. No de que alguien me valide. No de que alguien se quede. No de que una relación funcione. No depende de un factor externo.
Sostenerme es: No negociar mi paz por compañía. No callar lo que soy por miedo a perder. No adaptarme hasta desaparecer. No abandonarme por amor. Es ser fiel a mis valores cualquieran que sean.
Es poder decir: Te quiero.Te elijo. Pero también me elijo a mí. Eso no hace el amor más frío. Lo hace más libre.
Pero esto no es teoría bonita. Cuando lo leo, suena bonito. Ordenado. Profundo.
Pero sostenerme no es una frase inspiradora. Es un trabajo diario. Es conciencia constante. Es práctica.
Es recordar quién soy cuando el miedo quiere decidir por mí. Y hay días en los que me pierdo.
Días en los que reacciono desde la herida. Días en los que dudo. Días en los que cedo más de la cuenta. Días en los que me canso.
Y está bien.
Sostenerme no significa hacerlo perfecto.
Significa volver.
Volver a mí.
Volver a mis límites.
Volver a mi centro.
No siempre damos el 100% Vivimos creyendo que debemos dar siempre el 100%. Pero la vida real no funciona así.
Hay días en los que solo tenemos un 20%. Energía baja. Responsabilidades. Emociones moviéndose.
Y sostenerme también es aceptar eso. No siempre estoy en mi mejor versión. No siempre reacciono desde la calma.
No siempre tengo claridad. Pero si ese día solo tengo un 20%, doy el 100% de ese 20%. Y eso es suficiente.
También entendí que este trabajo no es solo por mí. Es por los nuestros. En mi caso por mi princesa.
Por quienes nos observan. Por quienes aprenden de cómo gestionamos la vida. No enseñamos perfección.
Enseñamos coherencia. Enseñamos que está bien tener días complicados.
Que no pasa nada si hoy no podemos con todo.
Que lo importante es no abandonarnos.
Que caer no es fracasar.
Que volver a intentarlo es crecer.
El arte de sostenerme no es endurecerme.
No es cerrar el corazón.
No es dejar de sentir.
Es amar profundamente sin perderme.
Es disfrutar sin aferrarme.
Es compartir sin vaciarme.
Es elegir desde la calma y no desde el miedo.
Entender que lo bueno pasa.
Que lo malo también pasa.
Que las relaciones cambian.
Que las etapas se cierran.
Pero si estoy sostenida por mí misma; yo permanezco.
Y mientras lo intente cada día, mientras vuelva a mí cuando me pierda, mientras dé el 100% de lo que tenga disponible…
Estoy practicando el arte de sostenerme.
Y eso, para mí, es verdadera libertad emocional.
